
—Dicen que veinte años no es nada, como reza el famoso tango de Gardel. Sin embargo, en los míos caben un puñado de cálidas vivencias con un final temprano.
Fue en el verano de 1993 cuando tuve la fortuna de conocer en persona a un jovencito que, entre abrazos, me regalaba siempre una amplia sonrisa. Lo recuerdo cariñoso, divertido, juguetón diría, pero sobre todo, con una firme determinación por demostrarle a la vida que, si se quiere, se puede.
Y fue creciendo, y creciendo, al igual que nuestra amistad; aquellas conversaciones fluidas parecían no tener fin.
Hoy, intentando mitigar la tristeza que en días pasados trajeron los noticieros y las RR.SS, he decidido escribir mi sentido adiós con calma.
Ángel Sánchez, un amigo que, por tantas razones, quedará grabado para siempre en mi memoria.
Destacaba por su respeto, su educación y sus excelentes maneras. Era un auténtico especialista en las relaciones personales, siempre rodeado de unos pocos, pero verdaderos amigos, también de un conjunto de deportistas de alto nivel que lo arropaban con cariño. En aquellos años, algunos apenas despuntaban, pero con el tiempo, llegaron muy lejos en el ámbito deportivo, tanto a nivel nacional como internacional. Ese fue el caso de “Manolo Pablo”, como él llamaba al de Bañaderos. También recuerdo como unos años mas tarde, me presentó a una mujer a la que le guardo especial afecto, Carla Suárez, ella por ese entonces, comía pipitas como toda joven mientras recorría el mundo con su raqueta dejándonos atónitos con sus magníficos drive. Un punto y aparte merece su vecino del barrio, Yuba, que, como Sánchez, nacieron, crecieron y vivieron en Schamann. ¡Eso sí es tener un amigo de verdad!
En su etapa futbolística demostró con solvencia de lo que era capaz, por lo que no creo necesario extenderme más. Baste señalar ese talento y talante que distinguen a los mejores.
El resto, repetido hasta la saciedad por los medios de comunicación, no aporta nada: números y más números en los que esta sociedad parece empeñada en reducir a cualquier ser humano.
Pero hoy, lejos de cifras y estadísticas, quiero quedarme con lo verdaderamente importante: su sonrisa sincera, su cercanía, su lealtad y esa forma tan suya de hacer sentir especial a quienes lo rodeaban.
Gracias por todo lo compartido, amigo.
Descansa en paz.
